miércoles, 6 de febrero de 2013

Estimada pasajera de la línea roja de Madrid:

Le escribo porque me he encontrado varias veces en el vagón con usted y otras tantas hemos viajado en líneas paralelas hacia el mismo destino al que todavía no hemos llegado, para bien o para mal, aún no lo sé.  Es el caso que en uno de esos viajes en los que me entretenía jugando bien monopolio, bien solitario o haciendo un Sudoko; supe que has tenido la suerte de cambiar de línea y gozar de privilegios que en la línea ordinaria no encuentras.  Puedes disfrutar de ver el paisaje, a veces no agradable, desde la ventanilla que te ganaste.  Sé que ante esas cosas desagradables, tu imaginación y  tus ganas de ver un exterior hermoso, han volcado sus deseos y te han convertido en la gran escritora que eres y que por tu generosidad innata, nos brindas esas imágenes, esas letras, que por medio de la presente te agradezco porque nos han ayudado a cambiar las paredes de las que estamos rodeados dándole colores alegres que irremediablemente y para nuestra ventura, nos hacen brotar unas bien sentidas sonrisas. Por tal motivo te escribo desde afuera en tu ventanilla (léelo a través de un espejo para que lo puedas entender). Me tengo que montar en mi tren que empiezan a sonar los pitidos. Gracias de nuevo por la creación que te hiciste. Tu hermana que te quiere y admira. :)

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